

Vetustas imágenes de alegría;
rubias alamedas de vino moro;
noche de fantástica algarabía:
un tren, siempre un tren de latir sonoro;
Latidos de la soledad que moro
transformada en amores de osadía;
trinar de un pajarillo tan sonoro
que en mis selvas produce la armonía;
Y con sonrisas de diminutivos
eterna lanza de sones lascivos,
bálsamo de dolor, de luz caricia.
Acaba la película en mi mente,
visto acordes ropajes de demente,
y ya soy ración para la estulticia.