

Jesús en madero crucificado.
La tarde cubre de negras saetas
los llantos por ese cuerpo purpurado,
Varón de dolores, en los profetas.
Hoy, también, tu cuerpo es profanado
ante múltiples conciencias quietas;
mueres en el pobre abandonado
y excluido de vidas, sin metas.
Sí, a la libertad se la quebranta,
las verdades mueren en la garganta
y todo es en ti soledad y cruz.
Que, al menos, Señor, tu sangre santa
se nos enrosque como una planta
que, de la cruz, nos lleve a tu luz.